Soy del cruce
No soy de este ruido, ni de la prisa con que corre el mundo. Camino despacio, como quien escucha lo invisible. No me mueve el deber sin sentido, ni el ritmo ajeno de lo que “debería ser”. Hay algo más profundo que me llama desde dentro. Amo los silencios, porque ahí el alma se revela, porque ahí comprendo que vivir también es detenerse. No vine a esconderme, vine a sentir con intensidad, a escribir con los ojos del alma lo que muchos no se atreven a nombrar. Sé que hay un propósito, una razón más allá del hacer constante, una misión que no se mide en cifras ni en aplausos. Mi cuerpo es un templo, mi respiración es sagrada, y cada día, al abrir los ojos, sé que hay un plan mayor que me sostiene. Soy de ese cruce sutil donde lo humano se abraza con lo eterno. Soy de Dios, y camino la Tierra buscando sentido en cada suspiro.