A ti

A esa voz interna 

A ti, esa sombra que llevo dentro, esa parte de mí que no he logrado controlar ni comprender, te escribo estas palabras, como si así pudiera poner fin al tormento que me causaste. Eres mi reflejo oscuro, la voz en mi cabeza que no me deja en paz, el eco de pensamientos que creía enterrados pero que siempre encuentran la forma de resurgir.


A veces siento que tú y yo hemos sido enemigos desde el principio, atrapados en un juego en el que no hay ganador, solo cicatrices. Por mucho que lo intente, siempre vuelves. Eres esa parte de mí que me susurra dudas, miedos y recuerdos que preferiría olvidar. Pero también eres quien me empuja al borde, quien me obliga a ver los pedazos rotos de mi alma y enfrentar mis propios demonios.


No sé en qué momento empezaste a tener tanto poder sobre mí, o si siempre lo tuviste y yo simplemente no quise verlo. Me has llevado a lugares oscuros, a rincones de mí misma que nunca quise explorar. Me destruiste, lenta y silenciosamente, hasta el punto en que me encontré perdida, sin saber quién era realmente. Me llevaste a cuestionarlo todo, a destruir lo que construí, a poner en duda cada paso que di.


Y sin embargo, aquí estoy, intentando escribirte estas palabras como una despedida, como un cierre que tal vez nunca llegue. Porque, aunque me lastimaste, aunque tu presencia es una herida constante, también me enseñaste a enfrentarme a mí misma, a conocer cada rincón de mi propia sombra. Quizás eres el caos que necesito para reconstruirme, para entender que la destrucción no es siempre el final, sino el comienzo de algo nuevo.


A veces, pienso que tú y yo somos dos caras de la misma moneda, destinadas a vivir en conflicto, pero también a aprender la una de la otra. Quizás en algún momento te comprenda, quizás algún día me reconcilie contigo, y pueda ver que, en ese caos que me causaste, había una verdad que necesitaba enfrentar.


Por ahora, solo quiero agradecerte, aunque duela, porque incluso en la destrucción, me has dado la oportunidad de renacer. Sé que no es el fin de nuestra lucha, que seguirás apareciendo en los momentos más inesperados. Pero hoy, aquí y ahora, te miro de frente y acepto tu existencia, aunque siga temiéndote, aunque aún no sepa cómo vencerte.


Gracias por mostrarme quién soy, incluso en mis pedazos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Inefable

Cicatrices del aire

Noviembre