Danza de Dualidades


En la penumbra de mi ser sombrío,

se agita el eco de un grito tardío,

dos sombras bailan, en duelo mortal,

una busca la calma, la otra el caos infernal.


La luz se arrastra, tenue y quebrada,

en la boca del abismo donde nada es morada,

mi lengua destila un veneno impaciente,

y mis ojos arden en un fuego indecente.


“Déjame hablar”, suplica la razón,

pero el caos responde con cruel seducción:

“¿Qué es la paz si no un susurro quebrado,

en un mundo que exige el alma en su lado?”


El silencio se ahoga en un grito apagado,

mi corazón late entre cristal desgarrado.

Soy un coro de voces que nunca se calla,

un reloj sin tiempo, una herida que estalla.


Melancolía me abraza con fría pasión,

y en la oscuridad encuentro redención.

¿Será pecado ser sombra y farol,

ser el filo que corta y también el alcohol?


Bebo del caos, me embriago de calma,

la tormenta interna me arrasa el alma.

Pero en este abismo donde luz y sombra conviven,

yo soy quien decide si lucho o me rindo.

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