Carne prestada
He llegado a pensar —entre suspiros y ausencias—
que los amores que habitan en mi mente
solo viven allí, en la bruma suave de la idealización.
Cada rostro real, cada encuentro fugaz,
apaga la chispa que mi alma imaginaba.
Y entonces me pregunto:
¿cuál es el propósito de esta carne que Dios me prestó?
Amo al prójimo, o eso creo,
pero aún no sé cómo sostener mi propio reflejo
sin quebrarme.
Daría todo por todos,
mi luz, mi raíz, mi cielo,
pero si nadie necesitase como en realidad lo es…
¿podría quedarme sin temerle a la paz eterna?
He seguido el camino recto,
trabajé, lloré, me erguí,
me recibí pensando que en ese título
residía la felicidad.
Pero solo hallé un vacío que no sabe cantar.
Salí al mundo buscando amor,
tejí sueños en pieles ajenas,
y descubrí que el amor que anhelaba
no era de carne, ni de tiempo,
sino de alma.
He pensado en irme lejos,
a un convento de silencios,
o vivir un día a la vez,
como un alma libre entre la tierra y el viento.
Porque vivo…
vivo porque un día dejé de pensar,
porque mis recuerdos se fueron
con la niebla de la ansiedad y el llanto.
Y sin embargo, respiro.
Tal vez no tengo respuestas,
tal vez no sé aún cómo se disfruta la vida,
pero tengo esta voz,
y con ella,
puedo nombrar mi dolor
hasta que florezca.
Comentarios
Publicar un comentario