Habitante del Umbral

 En la casa donde la noche respira,

hay un cuarto que nunca ve el amanecer.

Ahí habita un susurro,

una sombra que se sienta conmigo

cuando nadie mira.


Me habla en voz hueca,

como si supiera el nombre

de cada cansancio que escondo.

A veces golpea la puerta del pecho,

otras veces se acuesta en mis huesos

y me pide silencio.


No quiere flores,

ni promesas,

ni luz.

Solo quiere quedarse,

como un huésped antiguo,

como un invierno que olvidó marcharse.


Y yo camino despacio,

con esa sombra en la espalda,

preguntándome

si algún día encontraré el botón

que apague este eco,

o si aprenderé

a encender una luz

lo suficientemente fuerte

para atravesarlo.


Mientras tanto, sigo aquí,

con el corazón temblando,

pero latiendo,

aunque el viento

susurre lo contrario.


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