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Esta fría noche de junio

Esta lluvia hace juego con mi tristeza. Los pensamientos negativos hacia mi existencia vienen como bruma pesada, envolviéndome lenta, sin permiso. Hay silencios que gritan más que palabras y gestos que hieren más que gritos. Me esfuerzo por ser útil, por estar, pero el desdén ajeno me deja vacía, como un plato servido que nadie quiere probar. ¿Qué más tengo que dar para no sentirme invisible? Hoy no me animé, pero no fue por cobardía, sino porque hay días en los que el alma pesa más que cualquier vehículo.

Carne prestada

He llegado a pensar —entre suspiros y ausencias— que los amores que habitan en mi mente solo viven allí, en la bruma suave de la idealización. Cada rostro real, cada encuentro fugaz, apaga la chispa que mi alma imaginaba. Y entonces me pregunto: ¿cuál es el propósito de esta carne que Dios me prestó? Amo al prójimo, o eso creo, pero aún no sé cómo sostener mi propio reflejo sin quebrarme. Daría todo por todos, mi luz, mi raíz, mi cielo, pero si nadie necesitase como en realidad lo es… ¿podría quedarme sin temerle a la paz eterna? He seguido el camino recto, trabajé, lloré, me erguí, me recibí pensando que en ese título residía la felicidad. Pero solo hallé un vacío que no sabe cantar. Salí al mundo buscando amor, tejí sueños en pieles ajenas, y descubrí que el amor que anhelaba no era de carne, ni de tiempo, sino de alma. He pensado en irme lejos, a un convento de silencios, o vivir un día a la vez, como un alma libre entre la tierra y el viento. Porque vivo… vivo porque un día dejé de...
 “No te quiero conmigo. Te quiero ahí, donde no me hagas daño, pero igual me duelas.”

Huella Invisible

Vivo con la sensación de estar buscando algo que no tiene nombre, alguien que no recuerdo pero siento en los huesos. A veces es una calle que no reconozco, otras, una voz que se me escapa en sueños. Y siempre, un suspiro como si estuviera llegando tarde a un lugar al que nunca fui. Camino entre los días como si todos fueran víspera. Miro al cielo esperando señales que solo mi alma podría leer. Hay noches en que el viento me parece familiar. Como si lo hubiera amado antes. Como si lo hubiera perdido. ¿Y si estoy hecha de mitades? ¿Y si alguien, en otra parte, también despierta con el corazón en pausa esperando mi recuerdo? No sé si busco a alguien, o si solo me estoy buscando a mí en otro tiempo, en otro cuerpo, en otra vida.

Entre la neblina

 Entre la neblina se esconde el día, con paso fresco, la brisa suspira, mientras los pensamientos danzan como hojas que no encuentran salida. Taciturna, la mente se repliega, hacia rincones donde nadie llega. Allí, la ansiedad traza su mapa, y el alma en silencio lo acepta y calla. Camino sin rumbo, pero con memoria, de noches perdidas, de vieja historia. Y aunque el sol no asome todavía, sé que la bruma también se retira.                                              

A los veintisiete

A los 27 dijo que partiría, como si la edad fuera una estación y el andén un reflejo de su sombra, hastiada de nacer, crecer y marchitarse en este zoológico de rutinas. El espejo le devolvía una mueca y la sensación de que aquí todo es un vestuario lleno de disfraces ajenos. En el fondo —decía— no quiero ser ni hija ni madre ni mito: no quiero vivir como repiten los libros, ni morir como dictan los epitafios. El mundo es un tribunal sin jueces ni acusados ni leyes. A veces, la noche se abría como un ojo, y la niebla trepaba por su garganta como un idioma desconocido. Se va, dice, porque hay algo más después de esto, aunque no sepa nombrarlo. Una palabra que no es palabra, un lugar donde la niebla no se cuela entre los poros del alma. No deja nada, ni hijos, ni perros, ni estatuas. Ni el consuelo de un legado. Solo el polvo de la ausencia y la extraña sensación de que quizá, al fin, será libre de no ser.

"Para los que sienten demasiado"

  Para ti, que a veces piensas que la vida te odia y te preguntas en qué esquina dejaste la suerte, te hablo bajito, sin juicio, sin prisa. Tú que caminas con palabras atrapadas en la garganta, como mariposas que temen al viento, y aún así, sigues, porque eso también es valentía. Para los incomprendidos, los que se sientan en el rincón del alma ajena y construyen castillos con miradas que nadie ve. Para los leales a muerte, aunque el mundo no les devuelva ni la sombra. Ustedes son faros encendidos en la tormenta, aunque a veces se les olvide. Para los que tiemblan frente al futuro como quien ve venir una ola gigante sin saber nadar, pero se quedan, porque sienten que rendirse sería traicionarse a sí mismos. Para los que aman lindo, con flores en el pecho y cicatrices en la espalda, pero esconden el amor como un secreto peligroso, por miedo a romperse de nuevo. El amor no es debilidad, es una revolución silenciosa que aún no se atreven a empezar. Y para ti, que sientes que ya vivist...